Desde los comentarios del presidente Donald Trump, para que los gobernadores permitieran que las Iglesias abran sus puertas, estas se están alistando con todas las medidas de protección para ofrecer nuevamente sus servicios en persona.

El auge de la pandemia del Covid-19 y las medidas de distanciamiento social que la acompañaron obligaron a las iglesias a hacer la transición a la adoración y el ministerio en línea. Ahora, cuando muchos estados levantan la orden de permanecer en el hogar, las iglesias deben contemplar cómo o cuándo regresar a la adoración en persona, lo cual no es tan simple como estar a seis pies de distancia. El culto corporativo incluye contacto físico, desde el saludo de la paz hasta pasar el plato de recolección de ofrendas, desde la cafetera hasta la comunión, por lo que encontrar alternativas a ciertos actos y adherirse a medidas de limpieza y desinfección a fondo será un desafío.

Muchas conferencias están utilizando una publicación de blog de Lifeway Ken Braddy titulada “24 Preguntas que su Iglesia debe responder antes de que la gente regrese”, que cubre la limpieza y el mantenimiento de la distancia, pero también consideraciones sobre voluntarios/as, saludos, ocasiones especiales como funerales y bodas, y la asistencia.

El Rev. Allen Cason, pastor de la IMU Metter en Metter, Georgia, estima que será “de 5 a 10 veces más trabajo” para su iglesia celebrar el culto en persona. “Tendríamos que tener múltiples servicios y ver si tenemos suficientes voluntarios para hacer la limpieza necesaria entre cada servicio; y si podemos adquirir suficientes suministros de limpieza a un precio razonable.

Cason dijo que está encuestando a los miembros de la iglesia preguntando qué medidas están dispuestos/as a tomar para tener un culto en persona, incluido el uso de máscaras y tomarse la temperatura, o si se sienten cómodos dejando a sus hijos en la guardería.

Una vez que las iglesias vuelvan a abrir, tendrán que reflexionar sobre cómo será su ministerio posterior al COVID-19. Muchos han tenido éxito en la adoración virtual, e incluso han atraído a “feligreses” de otras partes del país por lo que pueden dudar en dejar un ministerio en línea vibrante cuando se reanuden los servicios en persona.

Sin apoyo adicional, programar tanto el ministerio personal como el virtual podría resultar problemático para los pastores que pueden haber trabajado demasiado y con pocos recursos antes de la pandemia.

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